ALFOMBRAS NATURALES

Cada primavera, la tierra se viste sin pedir permiso. Como si alguien bordara en secreto, los campos se cubren de margaritas, amapolas, boragináceas y otras flores humildes que, juntas, componen un tapiz efímero.

Estas imágenes son una invitación a mirar el suelo, a detenerse ante lo que suele pasar desapercibido. No hay artificio ni intervención: solo la belleza espontánea de lo silvestre, desplegándose como una alfombra tejida por la naturaleza misma.

Aquí, el color es lenguaje, la textura es emoción y el paisaje se convierte en un acto de resistencia poética frente a la prisa.

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